Las cosas ya no son para toda la vida. Vivimos de forma acelerada, sin tiempo ni paciencia. El que las cosas se rompan o dejen de funcionar forma parte de nuestra rutina y lo tenemos contemplado de antemano. Siempre podemos tener otro/a nuevo ¿verdad? En este escenario, cuando se nos ofrece un bolso, una cartera, una mesa… entre cuyos atributos está su “durabilidad”, poca credibilidad le damos. No creemos, parece, en el "para toda la vida".

¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¡Porque antes las cosas sí duraban! (o eso afirman nuestros abuelos) Ningún secreto es, aunque poco se habla sobre ello, que las empresas diseñan productos con fecha de caducidad para cuando casualmente ofrecer al mercado una versión mejorada. Esto es lo que se conoce como Obsolescencia Programada (o planificada), término cuyo significado es literal: el objeto quedará obsoleto o inservible en la fecha estipulada por el fabricante.

No ha sido siempre así ¿o sí? Hasta finales del s.XIX los fabricantes dedicaban recursos a la investigación para obtener la máxima calidad y cuyo objetivo era que las cosas durasen tanto como fuese posible. Es en Estados Unidos, a principios del s.XX, cuando el concepto “obsolescencia programada” aparece por primera vez. En pleno desarrollo de la producción en masa y la sociedad de consumo era mucho más rentable crear productos con una vida útil limitada y generar la dependencia en el consumidor. La aceleración de la economía iba acompañada de un abaratamiento de los precios y un aumento de la frecuencia de compra.

Paradógico el caso de la Bombilla, símbolo de ingenio e innovación, para el que la obsolescencia programada fue una condición por primera vez en la historia. Era mucho más conveniente para el modelo económico occidental hacer bombillas (u otro tipo de producto) que en pocos meses se tuviesen que reponer, a tener bombillas encendidas toda una vida. Invertir en la investigación para planificar la caducidad del producto se convirtió en una prioridad para las empresas (ver vídeo)

En los años 50 la obsolescencia programada evoluciona y se disfraza de “marqueting” haciendo que, en apariencia, fuese el propio consumidor el que marcase la corta vida de las cosas al desear “lo nuevo” “lo más moderno” “el más bonito”. Entramos entonces en un juego de seducción para justificar la creación de productos diseñados para una vida efímera. Este hambre de “lo último” generaba en la sociedad de entonces una falsa sensación de libertad en el que el consumo se presentaba como ilimitado. Fueron las bases del modelo de consumo actual.  

Pero es iluso pensar en una producción ilimitada cuando los recursos, cuando el planeta, sí lo son. Un escenario más que preocupante en el que la acumulación de residuos, la escasez de materias primas y el derroche de energías ponen en peligro al Planeta.

Por fin la era de Internet y de las nuevas tecnologías ponen en alerta a una generación preocupada no solo por la sostenibilidad del sistema, sino también por la doble moral de las empresas que mientras invierten en acciones de responsabilidad social siguen fabricando coches, electrodomésticos, electrónica o incluso ropa y calzados con una muerte anunciada. Internet ha permitido una mayor transparencia e intercambio de información para dar visibilidad a un problema común. Esta nueva conciencia social se manifiesta mediante movimientos como #zerowaste #noplastic #desnudalafruta... en contra de este abuso medioambiental y social. Y surgen también movimientos en positivo como #slowfashion #slowmade #slowfood o #slowdesign…  que apuestan por un modelo de producción consciente, local y sostenible. Los artesanos, por supuesto, son embajadores de este tipo de producción a pequeña escala y su aportación es clave en este cambio de rumbo.

El artesano siempre ha trabajado fiel a unos valores: calidad, durabilidad y sostenibilidad. Comprometidos con sus creaciones, gran parte del sector de la artesanía, ofrece en la actualidad productos como los de antes con diseños y funcionalidades modernas.

Parece que un siglo después del inicio de Obsolescencia Programada arrancamos por fin una nueva etapa en la que el consumidor valora y puede elegir la calidad preocupándose también por su origen. El consumidor consciente, preocupado por el impacto de sus compras, tiene en el sector de la artesanía una oferta de calidad en pleno repunte.  

artesanía española y sostenible

“Para toda la vida” reza en algunas descripciones de artículos artesanales ¡Para toda la vida!


Recomendamos, si te interesa sabemos más sobre el tema, este documental sobre Obsolescencia Programada que descubrimos hace algunos años y cuyo valor crece, desde nuestro punto de vista, en estos momentos. Documental que es la fuente principal en la que nos hemos basado para la redacción de este artículo con el que pretendemos apoyar el necesario cambio en el modelo de consumo.